
Las altas temperaturas están cambiando la forma de trabajar en el campo valenciano y comienzan a preocupar por sus efectos sobre la producción agrícola.
El calor extremo obliga a cambiar los horarios de trabajo en el campo
Organizaciones como La Unió Llauradora y AVA-ASAJA advierten de que el calor extremo no solo obliga a modificar los horarios de trabajo, sino que también favorece la aparición de plagas, incrementa el consumo de agua y puede reducir tanto la calidad como el rendimiento de cultivos clave como los cítricos, el arroz o la vid.
Los agricultores se ven obligados a realizar muchas labores durante la madrugada o a primera hora de la mañana para evitar que las elevadas temperaturas dañen los cultivos y reduzcan la eficacia de los tratamientos fitosanitarios.
Uno de los principales problemas se produce durante la aplicación de tratamientos fitosanitarios. Los expertos recuerdan que los fungicidas no deben aplicarse cuando la temperatura supera los 28 grados, ya que pierden eficacia e incluso pueden provocar daños en las plantas.
Por este motivo, muchos agricultores están trasladando estas tareas a la noche o la madrugada, una situación que incrementa los costes de producción y dificulta la organización del trabajo.
Además, las altas temperaturas aumentan las necesidades de riego y someten a las plantas a un fuerte estrés hídrico, frenando su desarrollo y afectando al crecimiento del fruto.
Más plagas y riesgo de pérdidas en cítricos y arroz
El calor también favorece la proliferación de numerosas plagas y enfermedades. Ácaros en clementinas, cotonet en caqui, mosca blanca, mildiu en la viña o la piricularia en el arroz encuentran condiciones muy favorables durante los episodios de altas temperaturas.
Los técnicos del sector advierten de que esta situación puede traducirse en una reducción de la producción y de la calidad de las cosechas.
En el caso de los cítricos, el exceso de calor acelera la maduración, pero dificulta que los frutos alcancen un buen calibre. En el arroz, la preocupación continúa centrada en la piricularia, una enfermedad que ya provocó importantes pérdidas la pasada campaña y que ha llevado a muchos productores a sustituir variedades tradicionales por otras más resistentes.
Las organizaciones agrarias consideran que estos episodios son una muestra del impacto del cambio climático sobre la agricultura mediterránea.
Ante veranos cada vez más largos y calurosos, el sector insiste en la necesidad de garantizar recursos hídricos suficientes para mantener los cultivos hidratados y reducir el estrés provocado por las altas temperaturas.
Los agricultores coinciden en que la adaptación será clave para mantener la rentabilidad de las explotaciones, aunque advierten de que el aumento de costes y la presión de las plagas hacen cada vez más difícil sostener la producción en condiciones normales.







