
La citricultura española suma un nuevo reto fitosanitario. Paracoccus burnerae, conocido como cotonet de la adelfa, está ampliando su presencia en explotaciones de mandarina, limón y naranja de Murcia, Valencia y Castellón. Aunque sus daños son inferiores a los provocados por Delottococcus aberiae, su rápida expansión y la dificultad para identificarlo convierten a esta plaga emergente en un aspecto clave para la vigilancia de los cítricos.
Desde COARVAL, recordamos la importancia de la detección temprana, la prevención y la aplicación de estrategias de Gestión Integrada de Plagas (GIP) para minimizar su impacto en las explotaciones.
¿Qué es Paracoccus burnerae y por qué preocupa al sector citrícola?
Paracoccus burnerae pertenece a la familia de los pseudocóccidos o cochinillas harinosas, un grupo de plagas con un importante impacto económico en la agricultura mediterránea.
Originaria de Sudáfrica, la especie fue detectada oficialmente en España en plantaciones de mandarino y limonero de la región de Murcia. Desde entonces, su presencia se ha extendido hacia la Comunidad Valenciana, con focos confirmados en Valencia y Castellón.
Su expansión está estrechamente relacionada con el movimiento de cajas de recolección, maquinaria y material vegetal, lo que favorece la aparición de nuevos focos en distintas zonas productoras.
Además de afectar a cítricos, también puede desarrollarse sobre otras especies como adelfa, vid, aguacate, palmeras datileras y plantas ornamentales. Esto supone un aumento en su capacidad de establecimiento.
Síntomas y daños del nuevo cotonet en cítricos
La detección precoz resulta fundamental para evitar el desarrollo de poblaciones elevadas.
Los primeros síntomas suelen aparecer en las hojas jóvenes, donde las ninfas provocan un característico pinzamiento o deformación del limbo. Esta señal resulta muy útil para identificar su presencia en fases iniciales.
Los daños más importantes se producen posteriormente sobre los frutos jóvenes, especialmente entre los meses de junio y agosto. Las colonias se sitúan alrededor del pedúnculo o de la zona floral, provocando hundimientos y deformaciones de la epidermis que reducen la calidad comercial del fruto.
Aunque los daños suelen ser menos agresivos que los ocasionados por el cotonet de Sudáfrica (Delottococcus aberiae), poblaciones elevadas pueden afectar de forma significativa a la producción.
En las condiciones climáticas del litoral mediterráneo, Paracoccus burnerae puede completar entre tres y cuatro generaciones al año, favoreciendo su rápida expansión si no se controla.
Prevención y control: claves para frenar su expansión
La Gestión Integrada de Plagas (GIP) continúa siendo la mejor estrategia frente a esta nueva amenaza.
Entre las principales recomendaciones destacan:
- Incorporar Paracoccus burnerae a los programas habituales de seguimiento de pseudocóccidos.
- Formar a técnicos y agricultores para reconocer los primeros síntomas de infestación.
- Extremar la higiene de cajas de recolección, maquinaria y equipos entre parcelas.
- Priorizar el control biológico y favorecer la presencia de enemigos naturales.
- Comunicar cualquier sospecha a los Servicios de Sanidad Vegetal de cada comunidad autónoma.
Actualmente, esta especie no está catalogada como plaga de cuarentena en la Unión Europea, aunque figura en los programas de seguimiento fitosanitario debido a su potencial de expansión.
Desde Coarval, recomendamos mantenernos atentos para poder hacer una detección temprana y apostar por medidas preventivas que permitan contener esta plaga antes de que se consolide en el principal cinturón citrícola de Europa. La colaboración entre agricultores, técnicos, administraciones y centros de investigación será determinante para proteger la rentabilidad y sostenibilidad del sector citrícola.







