
La Unió Llauradora i Ramadera prevé una cosecha de caqui de alrededor de 240.000 toneladas en la Comunitat Valenciana, un 34% menos que la campaña anterior y la más baja de la última década, debido a las altas temperaturas, las tormentas y los problemas fitosanitarios que afectan al cultivo.
La cosecha de caqui podría caer un 34% en la Comunitat Valenciana y marcar su nivel más bajo en una década
La producción de caqui de la Comunitat Valenciana podría situarse esta campaña en torno a las 240.000 toneladas, según las primeras estimaciones de LA UNIÓ. Esta cifra representa una caída aproximada del 34% respecto a la campaña anterior y supondría la cosecha más baja de la última década.
La organización agraria señala que las pérdidas no serán homogéneas y que en determinadas zonas productoras podrían ser incluso superiores. Entre las principales causas se encuentran las condiciones meteorológicas adversas, que han afectado al desarrollo de los frutos y a la carga de los árboles.
La caída fisiológica del fruto ha sido especialmente intensa en numerosas explotaciones. A ello se añaden las altas temperaturas y las sucesivas olas de calor, que han provocado daños por insolación o “planchado”, además de las recientes tormentas registradas en importantes áreas productoras.
Además, advierten de que estos daños no solo reducirán el volumen cosechado, sino que también podrían provocar una pérdida de calidad comercial y un aumento de los destríos, disminuyendo todavía más la cantidad de fruta que finalmente llegue al mercado.
El control de plagas, otro de los retos de la campaña
A las dificultades derivadas de la meteorología se suma la preocupación por la presencia de plagas como el cotonet (Pseudococcus longispinus) y diferentes especies de mosca blanca, que pueden ocasionar daños en los frutos y aumentar el porcentaje de producción no comercializable.
Por ello, LA UNIÓ reclama que los agricultores dispongan de herramientas eficaces para hacer frente a estos problemas fitosanitarios. Entre otras medidas, solicita que las administraciones faciliten autorizaciones excepcionales de productos fitosanitarios cuando no existan alternativas suficientemente eficaces.
La organización también considera necesario reforzar la investigación aplicada, acelerar la llegada de nuevas soluciones al campo y continuar avanzando en estrategias de control biológico.
En materia de riesgos climáticos, han solicitado además adelantar al 1 de agosto el inicio de las garantías del seguro para el resto de adversidades climáticas, incluido el viento. Mientras tanto, pide a la Conselleria de Agricultura una línea compensatoria para los agricultores con póliza en vigor que hayan sufrido pérdidas por este fenómeno.
Menos producción y mayores costes complican la rentabilidad del caqui
La caída prevista de la cosecha llega en un momento de incremento de los costes de producción. Los agricultores deben afrontar mayores gastos en tratamientos, agua, energía, gasóleo y fertilizantes, mientras que las elevadas temperaturas obligan en muchas explotaciones a aumentar la frecuencia del riego.
Este escenario hace que una posible mejora del precio del caqui en el mercado no implique necesariamente una mayor rentabilidad para el productor. El resultado económico de la campaña dependerá tanto de las cotizaciones como de los kilos comercializables obtenidos por hectárea y del coste necesario para producirlos.
El caqui continúa siendo, además, un cultivo estratégico para numerosas comarcas valencianas. Su implantación ha permitido diversificar la actividad agraria, complementar a los cítricos y generar nuevas oportunidades económicas en zonas donde las alternativas agrícolas son limitadas.
Reducir los destríos para aprovechar mejor la cosecha
Ante una campaña con una oferta considerablemente menor, LA UNIÓ plantea también avanzar hacia una mayor tolerancia comercial ante pequeñas marcas o alteraciones externas en la piel del caqui.
Por las características propias de esta fruta, determinadas imperfecciones superficiales no implican necesariamente una pérdida de sus cualidades internas ni de su calidad organoléptica. Una mayor aceptación de estos frutos permitiría incrementar el porcentaje de cosecha que llega al consumidor.
Reducir los destríos contribuiría así a mejorar el aprovechamiento de la producción y disminuir el desperdicio alimentario, dos objetivos especialmente relevantes en una campaña en la que el sector valenciano del caqui afronta una de las mayores reducciones de cosecha de los últimos años.








